El poder de las RRSS.

Colgar en Facebook la foto de un local nocturno estando de baja laboral puede causar problemas al empleado e incluso ser motivo de despido. Menos conocido es, en cambio, que miles de candidatos anónimos se quedan a las puertas de conseguir un empleo porque los rivales con los que compiten tienen un perfil más interesante en las redes sociales o menos cosas de su pasado de las que arrepentirse. Desde hace años, los departamentos de recursos humanos han encontrado una nueva manera de averiguar si es oro todo lo que reluce o si algunos candidatos tienen una cara oculta, como la Luna. En ocasiones, la liebre ha saltado por escribir en Facebook “resacón, resacón” u “odio los lunes”. Otras veces, el fatal desenlace se ha originado después de que los reclutadores detectaran en Twitter una batería de mensajes incendiarios. Pero también por escribir apoyar con ll, dijera con g y otros deslices ortográficos.

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