10 mitos sobre los detectives contrastados por detectives de verdad.

Detectives: ¿a quién no le gustan los detectives? Son husmeadores profesionales instalados en la sagacidad, adictos al café y las malas compañías, que viven arrastrando su fotogénica decadencia por los callejones, siempre con un erótico cigarrillo columpiándose de los labios y un chascarrillo a punto de liquidar el ego del intimidador gorila que vigila ese club de jazz en cuyo sótano se juega al póker clandestinamente. Así son, ¿eh?, tan años 40, tan románticos, tan noir. Los detectives, pensemos, trabajan en su detectivesca sombra, lo que no quiere decir que permanezcan ocultos las 24 horas en una gabardina enorme, ni parapetados tras un periódico cuya portada cubra la velada de boxeo de anoche con dos apropiados agujeritos adaptados a los ojos. Tal vez (y sólo tal vez: quién podría fiarse al 100% de la escurridiza palabra de un detective) ese misterio que envuelve su trabajo haya fiado el ideal de su profesión a las ficciones literarias, cinematográficas y televisivas. Por eso en Tentaciones les damos la palabra a los auténticos investigadores privados, para que así confirmen o desmientan varios mitos sobre su trabajo.

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